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Glosario
6. Ritos de paso

Un rito de paso es una prueba de carácter, fuerza, habilidad, resistencia o algún otro atributo similar, que debe completarse con éxito para que un niño se convierta en adulto. Por diferentes motivos, los ritos de paso son más comunes para los niños que para las niñas en casi todas las culturas. Las culturas modernas no ofrecen estos ritos, lo cual crea un problema que es exclusivo de los hombres y los niños.

Tres ideas:

1. El cambio cultural y el feminismo en funcionamiento. En parte, los ritos de paso han desaparecido por el gran cambio cultural, y en parte por los estigmas que el feminismo asigna a determinados aspectos de la cultura masculina.

2. Diferencias de sexo. En muchas culturas, los ritos tienen significado para los niños, no para las niñas (lo que no quiere decir que no existan rituales para las niñas, claro).

3. Ritos de paso caseros. Hazlo tú mismo. Los ritos no han perdido su significado, a pesar de haber sido expulsados del escenario cultural. Los hombres y los niños inteligentes buscan ritos, se someten a ellos y extraen un beneficio de las pruebas que plantean.

Desarrollo

1. Las culturas están cambiando. En las culturas antiguas, y en muchas de las actuales (pero no en las del denominado «primer» mundo), la masculinidad está marcada por ritos de paso. David G. Gilmore ha mostrado que el niño consigue su hombría a través de una prueba. En muchas culturas, se trata de una prueba intimidatoria y a menudo dolorosa, y el fracaso del niño puede tener consecuencias para toda la vida. En la mayoría de esas culturas, la iniciación en la edad adulta es un evento único, un ritual en el que interviene el dolor, el sacrificio animal o algún otro evento dramático observado por toda la comunidad. La excepción que confirma la regla es el Bar Mitzvah de los niños judíos que, para Gilmore, «otorga un estatus oficial de hombría», normalmente cuando el niño cumple trece años. Se demuestra su masculinidad ante los hombres en el templo. Gilmore opina que las mujeres dominan a los hombres en las culturas judías. Se quedan en la galería de la sinagoga y observan el evento, mirando desde arriba simbólicamente. Gilmore apunta que el yiddish tiene muchos términos para denominar a los hombres que no consiguen su hombría (Schlemiel, Schnook, Schmuck), pero solo uno (Mensch) para los que lo consiguen.[ 1 ]

La asociación obsesiva de nuestra cultura entre la masculinidad y la violencia ha provocado que los hombres eviten y desprecien los ritos de paso tradicionales. The Good Man Project publicó hace poco un artículo sobre cómo animar a los niños a jugar con muñecas. Si el autor quería ser provocador, debería haber escrito sobre cómo animarlos a jugar con armas. La pedagogía de la violencia es una tradición venerable, aunque despreciada. El aprendizaje y la fuerza física a menudo han ido de la mano. Consultad el artículo de Jack Donovan “Violence is Golden” (en su página web ), si queréis ver un punto de vista interesante.

2. El género y el sexo en funcionamiento. Las culturas como la nuestra reconocen la edad adulta de los niños varones con lo que Gilmore llama «un abanico desconcertante de opciones para los hombres en cualquier etapa de la vida». Aquellos que busquen el objetivo cultural de la hombría no tienen un camino claro. «El resultado, como sucede en la América contemporánea, suele ser una masculinidad improvisada» (p. 124). Si algo es improvisado, es temporal y, por definición, inferior.

Cuando algo tan importante como convertirse en hombre se improvisa, ni los hombres ni los niños estarán seguros de en qué lugar se encuentran. Mirarán a otro hombre y se preguntarán si ya es un hombre; se mirarán a sí mismos y se preguntarán si ellos mismos ya son hombres. Nuestros ritos de paso no son ritos, y el paso que señalan rara vez se parece a lo que Donovan denomina «el camino del hombre». Improvisamos símbolos de la hombría basándonos en logros y aventuras diversos: aprender a conducir, comprar nuestro primer coche, nuestro primer piso, cazar un ciervo, emborracharnos por primera vez, iniciarnos sexualmente… Pocas personas saben si hemos conseguido esos logros; y es posible que, en el momento en que los conseguimos, ni siquiera supiéramos que eran logros.

¿Cuál es la motivación? ¿Un examen de tráfico? ¿Cuál es la consecuencia? ¿Un aprobado? Las chicas aprueban los exámenes tanto como los chicos. Es un rito de paso para «personas», no una prueba para chicos diseñada y juzgada por hombres en presencia de la comunidad, y desde luego nada que ayude al hombre a adquirir una identidad propia como hombre.

En nuestra cultura, incluso las mujeres se dicen man up («sé un hombre»). No se puede decir woman up («sé una mujer»), y por un buen motivo. Como explica Roy F. Baumeister, el paso de «niña» a «mujer» se considera un proceso biológico. Pero pasar de «niño» a «hombre» es un evento social, no es únicamente una cuestión de cambios corporales, y el éxito no está garantizado.[ 2 ] Ello implica que, como la tradición enmarca la madurez femenina en oposición a la masculina, cualquier mujer ya es todo lo que puede ser, mientras que cualquier hombre tiene que probarse a sí mismo: para eso están los ritos de paso.

3. ¿Qué se puede hacer? Hacerlo tú mismo. GYB. Como hombre, no quieres una «masculinidad improvisada». Quieres una masculinidad basada en la maestría.

Plantéate y supera tus propios retos. Recuerda que no hay masculinidad sin público. Por lo tanto, asegúrate de que los desafíos que te plantees involucren a otros hombres, para que puedan ser testigos de tus éxitos (y de tus fracasos: después de todo, eres un hombre). Al hablar sobre la masculinidad, a la que considera «ser un hombre dentro de un grupo de hombres», Donovan describe la valentía como una virtud cinética, es decir, que inicia un movimiento.[ 3 ]

En mi opinión, la propia masculinidad es cinética: es lo que vemos cuando un hombre está en movimiento, cuando es dinámico, cuando está lleno de energía, trabajando para ser lo mejor que pueda ser, y para hacer lo mejor que pueda hacer. La raíz de «cinético» es la palabra griega que define el «movimiento en respuesta a un estímulo». Ese es uno de los motivos por los que el boxeo es una manera estupenda de desarrollar la masculinidad. El boxeo consiste en estímulos y respuestas. Consiste en moverse, y en ser cada vez mejor moviéndose, y también en la fuerza y la velocidad, y en irlas aumentando. Así es como se desarrolla la maestría.

Los rituales de hoy parecen más finales que principios. Yo no experimenté mis ritos de paso (aquellos de los que era consciente) como muestra de que había progresado de un nivel a otro, y de que estaba creciendo como hombre. Incluso los ritos de paso diseñados para que los guerreros se sintieran como tales se han difuminado.

Shannon E. French ha señalado que se han incluido versiones nuevas de los entrenamientos militares básicos, comprometiendo ciertos aspectos para dejar sitio a la mujer.[ 4 ] Los rituales más significativos se han trasladado a los niveles más minoritarios del entrenamiento de los Navy SEAL, y a los requisitos para unirse a otras unidades miliares de élite.[ 5 ] Los rituales también abundan en la cultura de bandas, una forma de tribalismo sobre la que escribe Donovan.

En The Boxer’s Kiss: Fighting to Find the Whole Man («El beso del boxeador: la lucha por encontrar al hombre completo»), describo mis experiencias en las clases de boxeo con diferentes entrenadores, y cómo me plantearon una serie de ritos de paso que me dieron a entender lo que me había perdido durante toda mi vida.

La experiencia (que aún está en proceso) está llena de distintos tipos de dolor, e incluye su propia pedagogía de la violencia. ¿No apartas la cabeza? ¿Es que quieres que te golpeen otra vez? ¡Aparta la cabeza! El boxeo es un arte marcial, un arte de guerra, y un sistema de combate codificado. El boxeo está lleno de rituales, y el entrenamiento para ser boxeador está repleto de ritos de paso que señalan etapas de progreso en tu mente y en la del entrenador. Algunos rituales recurrentes te ayudarán a fijar movimientos de boxeo en la memoria muscular a medida que construyes una nueva imagen masculina de ti mismo.

Mis experiencias entrenando boxeo resultaron ser los ritos de paso más significativos de toda mi vida, y también pueden serlo para ti. Esos ritos fueron importantes porque ya era lo bastante viejo y estaba lo bastante motivado como para comprender lo que significaban, y porque sabía lo bastante como para respetar a los hombres que me estaban observando, especialmente los entrenadores.

Como hombres, vivimos en un ambiente que nos estimula y nos presiona constantemente. La energía cinética es masa en movimiento. La masculinidad es el hombre en movimiento. Un hombre utiliza un estímulo externo para avanzar y mejorar. En eso consiste el ensayo y error. No solemos acertar la primera vez, e incluso si acertamos la primera vez, solemos fallar en la segunda. Por tanto, la masculinidad no consiste tan solo en acertar, sino en intentar acertar siempre, y en hacernos cargo de la mezcla de aciertos y fallos que, como seres imperfectos, obtendremos siempre.

Donovan hace hincapié en que la masculinidad exige la maestría en varios ámbitos. Que no te asuste la palabra «maestro/amo», una «palabra trigger» (que puede provocar reacciones negativas) para determinadas feministas (seguro que ya os podéis hacer una idea del discurso que harían). Si no deseas dominar un oficio, un arte o una habilidad, está claro que no quieres verte como un hombre competitivo y masculino. Tal vez quieras ser lo que Rollo Tomassi llama AFC: average frustrated chump, «típico tonto frustrado».

La masculinidad requiere que el objetivo del hombre sea la excelencia. Casi todos los hombres que escriben sobre masculinidad señalan que esta tiene que ganarse todos los días, una y otra vez. Los investigadores han observado que, en numerosas culturas de todo el mundo, no solo en la cultura occidental o «masculina blanca», la masculinidad tiene que alcanzarse mediante el esfuerzo. Por eso necesitamos ritos de paso: son señales que marcan el camino hacia la masculinidad completa, y no son solo para niños.

Es cierto que estos ritos solían ser eventos ceremoniales, y que en muchas culturas siguen siéndolo. Pero hoy en día, en Estados Unidos tenemos pocos ritos de paso para los niños. Por eso, como hombre, es necesario que te fijes en tus esfuerzos. Conviértelos en ritos. Al no haber ritos de paso oficiales, los hombres tienen que marcarse sus propios objetivos. Buscamos ser mejores hoy de lo que éramos ayer. Y lo hacemos todos los días.

NOTAS

1. Gilmore, Manhood in the Making, p. 124, quoting Raphel 1988.
2. Roy F. Baumeister, Is There Anything Good about Men?, p. 191.
3. Donovan, The Way of Men, pp. 1-16.
4. Shannon E. French, "The Warrior’s Code," from The Code of the Warrior: Exploring Warrior Values Past and Present (New York: Roman and Littlefield, 2004).
5. Eric Greitens, The Heart and the Fist: The Education of a Humanitarian, the Making of a Navy SEAL (Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 2011), p. 142.

Índice
1. Feminismo obligatorio

2. Definir la masculinidad

3. Sé el hombre GYB

4. El feminismo moderno

5. Patriarcado

6. Ritos de paso

7. ¿Derechos de quién?

8. Cuatro palabras que se utilizan para menospreciar a los hombres

8-24-15
6-23-16