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7. ¿Derechos de quién?

Igual que el movimiento por los derechos de los gays, el movimiento feminista se ha construido a imitación del movimiento por los derechos civiles, y sostiene que la «igualdad de género» es comparable a la igualdad racial. Es una analogía falsa, pero tiene mucho éxito. Algunos hombres abrazan el feminismo porque piensan que lucha por la igualdad sexual. Se consideran hombres justos que creen que la mujer merece las mismas oportunidades que el hombre. Para ellos, el feminismo no es más que eso. Otros consideramos que el feminismo es mucho más que eso, aunque también creamos en la igualdad de oportunidades.

Esa es la BP (la postura de la pastilla azul ). Nosotros, como hombres RP (pastilla roja) estamos preparados para contrarrestar esa propaganda. Presentamos tres argumentos:

1. Las mujeres, como clase, nunca han sido esclavas de los hombres . En el siglo XIX, había tanto esclavos como esclavas, y servían tanto a hombres como a mujeres. Su sexo no tenía nada que ver con su estatus de esclavitud, lo que no quiere decir que la esclavitud fuese una experiencia idéntica para el hombre y para la mujer.

2. Con la esclavitud, una raza o un pueblo sufre para que otro prospere . Esas condiciones no describen las de hombres y mujeres no esclavos. Los hombres y mujeres libres sufrían, pero era en beneficio mutuo y en beneficio de sus familias. Las mujeres se beneficiaban de su propio trabajo y del de los hombres; los hombres se beneficiaban de su propio trabajo y del de las mujeres. Eso no es esclavitud. Los esclavos no se benefician de su trabajo, y nadie trabaja para ellos.

3. La esclavitud crea un arquetipo de víctima/victimario. Este arquetipo constantemente convierte al hombre en el victimario malvado. Según la ideología feminista, el esclavista siempre es un hombre; la mujer esclavista también es víctima de él, igual que los propios esclavos. La analogía con los derechos civiles impide que los hombres vean su propia victimización, y los atrapa en el papel del victimario, el malvado hombre blanco contra el que debe luchar eternamente la buena mujer.

Desarrollo

1. En relación con el punto 1, Warren Farrell señala que los esclavos negros perdían derechos para que los blancos prosperasen. Para él, «a menudo las ganancias de una raza eran las pérdidas de otra». No sé a qué se refiere con «a menudo». Todas las ganancias van en una dirección (la de los dueños), y todas las pérdidas van en la otra (la de los esclavos). Sin embargo, las mujeres no renunciaron a sus derechos para que los hombres prosperasen. Para Farrell, tanto hombres como mujeres eran igualmente esclavizados por las necesidades de la siguiente generación. Dice:

«Uno de los errores básicos del último cuarto de siglo fue tomar los logros del movimiento por los derechos civiles y otorgárselos a las mujeres, como si ellas hubieran servido como esclavas de los hombres, y tuvieran ahora derecho a esos logros, igual que los negros habían servido como esclavos de los blancos, y tenían ahora derecho a esos logros. Esto fomentó la ideología de la mujer como víctima, y nos impidió comprender que la relación esencial entre hombres y mujeres no es la dominación de un sexo sobre el otro, sino la servidumbre de ambos sexos al auténtico amo: las necesidades de supervivencia de la siguiente generación.»[1]

Así, la mujer se convirtió en una categoría de discriminación positiva, y sigue siéndolo, incluso en profesiones dominadas por las mujeres. Hoy en día, los políticos tienen miedo a reducir el poder de la mujer en cualquier ámbito, incluso aunque tengan mayores opciones en el matrimonio, la fertilidad, la reproducción, el empleo y muchas otas categorías.

2. En relación con el punto 2, Farrell señala que los sexos se necesitaban y se prestaban servicios mutuamente, para beneficio de ambas partes. La mujer tenía que parir hijos y criarlos. Ese era su trabajo. El hombre debía ganar dinero para mantenerlos, educarlos y protegerlos de cualquier peligro.

Ella tenía su trabajo, y él el suyo. La mujer no trabajaba en beneficio del hombre del mismo modo que los esclavos trabajaban en plantaciones para beneficio de sus amos. El hombre traía dinero a casa y la mujer lo gastaba. El hombre se beneficiaba del hogar que creaba la mujer, y de la comida que cocinaba. La mujer se beneficiaba del trabajo del hombre.

Jack Donovan también explica muy bien esa analogía entre el feminismo y los derechos civiles:

«El paradigma de los derechos civiles se construye en base al supuesto de que el hombre, sobre todo el hombre blanco y heterosexual, es el opresor universal, la fuente de todo mal. Es un movimiento que pretende apartarte del poder.»
Añade que lo único que ese movimiento ofrece al hombre es «reeducación y terapia. Aquellos que te dicen que bajes tus expectativas y abandones tus ideales no son tus amigos, sino agentes castradores de unos amos serpentinos. Esas soluciones no son más que una anestesia».[2]

3. En relación con el punto 3, las mujeres ganan los debates sobre feminismo (en efecto, he dicho «ganan», porque ese es su objetivo, y no «intercambiar» o «debatir» puntos de vista) porque los hombres permiten que se les considere victimarios. «El estatus de victimario del hombre camufla su estatus de víctima», dice Farrell.[3] Si no te parece que los hombres estén siendo victimizados, conviene que investigues un poco sobre las leyes de matrimonio y de divorcio, los derechos reproductivos y el empleo. Empieza por el libro de Farrell, o por el de Roy F. Baumeister, o por el de Helen Smith. Hasta entonces, continúas viviendo en el mundo de la pastilla azul , exactamente donde las mujeres quieren que estés.

Recuerda que los hombres no tenían «sufragio universal» sólo por ser hombres. Siempre han existido límites al sufragio (el derecho a voto), basados en la edad o en la propiedad. Muchos hombres carecen todavía de los derechos que poseen algunas mujeres.

La analogía con los derechos civiles beneficia a la mujer y perjudica al hombre. A las mujeres les conviene seguir siendo vistas como víctimas: esa posición chantajea al hombre y lo coloca exactamente donde ellas quieren. Hasta Hilary Clinton es una víctima; una víctima que posee dos casas valoradas en millones de dólares, y aviones privados a su disposición. Ella confía en que tú, como hombre blanco, te avergüences demasiado como para afirmar que los hombres también son víctimas. En su mundo, los hombres blancos no pueden ser víctimas, ya que todas las mujeres y todas las minorías, masculinas y femeninas, son por definición víctimas, e incluso esclavas o ex esclavas tuyas.

¿Por qué permitir que esas ideas y suposiciones queden impunes? GYB. Involúcrate. Responde. Lucha por salir (y por sacarlas a ellas) de la retórica del feminismo moderno . Ten siempre cuidado, al hacerlo, de tratar a tu oponente con respeto. No todos los boxeadores lo hacen (y algunos lo evitan deliberadamente), pero los mejores boxeadores respetan a sus oponentes. Pero no por ello dejan de atacar con todas sus fuerzas.

Notas

1. Warren Farrell, Myth of Male Power, p. 357.
2. Jack Donovan, Sky Without Eagles, p. 71.
3. Farrell, Myth of Male Power, pp. 357-58.

Índice
1. Feminismo obligatorio

2. Definir la masculinidad

3. Sé el hombre GYB

4. El feminismo moderno

5. Patriarcado

6. Ritos de paso

7. ¿Derechos de quién?

8. Cuatro palabras que se utilizan para menospreciar a los hombres

8-24-15
6-24-16